sábado, 23 de mayo de 2009

Mi confrontación con la docencia

La mayor parte de los profesores de la educación media superior carecemos de los conocimientos técnico–pedagógicos que permitan realizar con mayor eficiencia nuestra labor docente. Somos profesionistas que conocemos y manejamos los contenidos de las materias que impartimos, pero carecemos de los elementos que favorezcan el proceso de aprendizaje de nuestros alumnos. Sin embargo, seguro estoy que tenemos un elemento importante a nuestro favor y es el profesionalismo con que intentamos cumplir con nuestra delicada tarea formativa.

En mi caso, soy Ingeniero Civil de profesión, con estudios de posgrado (Maestría en Ingeniería) y una antigüedad como docente de 18 años en nivel básico (secundaria) y 16 en educación tecnológica (CBTis N0. 255). Mi inclinación por la enseñanza me ha llevado a cursar un diplomado y diversos cursos y talleres relacionados con el quehacer docente; pero,…. nunca termina uno de aprender.

El ser maestro, pienso, es algo que se trae desde que se nace. Desde mi época como estudiante de tercer grado de secundaria disfrutaba el poder explicar en el pizarrón algunos problemas de física y de matemáticas, a dos o tres compañeros que no entendían y por ello se quedaban después de clases.

Posteriormente, por necesidades particulares de la secundaria (falta de maestros) donde había estudiado, tuve la oportunidad, siendo estudiante de preparatoria, de impartir la materia de Historia Universal del tercer grado, durante dos ciclos escolares.

Una vez que terminé el bachillerato, inicié mis estudios en la carrera de Ingeniero Civil, en es Instituto Politécnico Nacional, del cual egresé en el año de 1987, para incorporarme al ejercicio de mi profesión durante dos años.

Mi gusto por la enseñanza me llevó a cursar la Maestría en Ingeniería, en la Universidad Autónoma de Quéretaro, con la intención de dedicarme a la docencia y a la investigación. Durante un importante lapso de tiempo de estancia en la ciudad de Querétaro, fungí como capacitador del Instituto de Capacitación de la Cámara Nacional de la Industria de la Construcción, atendiendo grupos con cursos relacionados con la construcción de viviendas,

Por cuestiones del destino y ante la invitación del entonces director de las escuelas secundaria y preparatoria de mi ciudad de origen, y donde actualmente radico (Tarimoro, Guanajuato), inicié formalmente mi experiencia como profesor frente a grupo impartiendo clases en secundaria, preparatoria y, posteriormente, en el CBTis No. 255.

En la actualidad dedico el tiempo completo a la educación y me siento satisfecho porque pienso es lo que me gusta, aunque estoy consciente de lo trascendental y delicado de tan noble profesión. Esto último por que tenemos la seria responsabilidad de participar en la formación de académica, personal y profesional de seres humanos. Dejé de construir obras de infraestructura para construir personas.

Tengo la agradable experiencia de trabajar con tanto con alumnos de secundaria como los de bachillerato tecnológico. Observo, en muchos casos, como los jóvenes se van desarrollando como personas. Comparo y veo que, en general, los alumnos de bachillerato tienen una actitud más favorable para el aprendizaje, debido seguramente al grado de madurez emocional que han alcanzado, sobre todo a partir del cuarto semestre en adelante. Sin embargo, es un mayor compromiso el trabajar en el nivel medio superior por varias razones, una de ellas tiene que ver con el la etapa decisiva que viven; al menos en mi entidad federativa, donde es el nivel de mayor deserción.

Es satisfactorio ver como algunos jóvenes que egresan del bachillerato continúan estudiando a nivel superior y, muchos otros, actualmente son profesionistas que están sirviendo a la sociedad y han logrado metas importantes en lo personal y profesional. Y, contrario a esto último, no me agrada la falta de interés por aprender en algunos alumnos, sobre todo en los primeros semestres, así como la actitud de autoridades educativas, sociedad y padres de familia al tratar de responsabilizar únicamente al docente de los resultados educativos, intentando evadir con ello el cumplimiento de las obligaciones que corresponde asumir a cada una de las partes.

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